El Tejar
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Bienvenido, te invitamos a descubrir Aspariegos, un lugar para vivir.
26-Feb-2017 16:13

 

El Tejero

EL BRUJO: Del Barro a la Teja

Hacia el año mil ochocientos sesenta nace en Aspariegos un personaje avanzado a su época.

Le bautizan con el nombre de Cirilo, y casi siendo todavía adolescente, se hace cargo de la explotación del tejar municipal situado en el lugar donde posteriormente se ubicaría la escuela.

         Pero Cirilo, hombre inquieto y con mucha iniciativa, decide establecerse por su cuenta, y adquiere una finca en las afueras del pueblo, en el camino de Malva, donde construye y explota el Tejar, manteniéndolo en explotación durante muchos años.

         Aunque se cuentan numerosas anécdotas  acerca del origen del apodo con que se le conocía “El Brujo”, quizá pertenezcan a la leyenda popular desvirtuada o exagerada a través del boca a boca y transmitida de generación en generación. Lo que si parece cierto es que era un hombre de extraordinaria cultura y conocimientos y quizá esta circunstancia hacía que las gentes del pueblo le vieran alguna cualidad sobrenatural.

         La anécdota mas repetida es la referida a la capacidad para trasladarse desde su casa hasta el tejar. Se cuenta que en mas de una ocasión, cuando algún paisano del pueblo se dirigía a caballo hacia el tejar, al pasar por la casa de El Brujo, este se encontraba sentado tranquilamente a la puerta, requiriendo de sus servicios el paisano, a lo que el brujo respondía, continúa hacia el tejar que cuando llegues te atenderé. Cual no sería el asombro del paisano cuando al llegar al tejar, allí se encontraba El Brujo dispuesto a atenderle y dejando pasmado al cliente pensando como era posible si no lo había visto adelantarle por el camino. A raíz de esta anécdota se llegó incluso a especular si existía un pasadizo secreto entre su casa y el tejar.

         Pero la actividad real de Cirilo Pérez, muy poco tenía que ver con lo sobrenatural y mucho con el barro, la paja, la cal, los ladrillos y principalmente las tejas.

         El Brujo, termina de construir el Tejar hacia el año 1900, fabricando desde esa fecha fundamentalmente adobes, ladrillos y tejas. La materia prima se obtenía de la cantera de cal situada en el Camino de Fuentes.

En el año 1922 se segrega en dos tejares separados, explotando cada uno de ellos los dos hijos varones de El Brujo, Toribio Pérez y Esteban Pérez, si bien Toribio al ser el hermano mayor ejercía cierta tutela sobre Esteban, aunque cada uno tenía su clientela y se producía una cierta competencia.

El proceso de fabricación de los productos que manufacturaba el Tejar (adobes, ladrillos, tejas y baldosas) consistía en primer lugar en obtener la materia prima, fundamentalmente arcilla, que era extraída a pico y pala, transportándose en carros tirados por animales. Posteriormente la arcilla se ablandaba mojándola y pisándola, utilizándose después un artilugio denominado malacate, una especie de noria dotada de cuchillas y movida por caballerías.

A la arcilla obtenida se le daba la forma adecuada y se ponía al sol a secar. A continuación se introducía en el horno, usándose paja como combustible, aunque posteriormente se utilizaba leña y carbón.

En cada hornada se producían aproximadamente unas 10.000 tejas, realizándose al año un promedio de siete hornadas, alcanzándose los años buenos hasta 16 hornadas.

Al tejar de Aspariegos acudían compradores de los pueblos cercanos, Cerecinos, Arquillinos, Pajares, Villalba, ya que era el único tejar de la zona.

         El tejar siguió funcionando durante la guerra civil ya que no podía haber mas de  tres hermanos en el frente, y esto permitió continuar con la actividad.

         Posteriormente, en los años de la posguerra, la actividad fue decayendo, ya que tanto Toribio como Esteban, hijos de El Brujo no modernizaron las instalaciones. Los hijos de Toribio y Esteban, emigraron a las zonas industriales de España, Ramiro a Asturias, y Aquilino y Paco a Vizcaya, quedándose en el pueblo únicamente Cirilo, que se dedicó a otras actividades, entre ellas la explotación del Bar y casino del pueblo.

         El tejar de Toribio cesó su actividad en el año 1961, y el de Esteban en el 1962 al trasladarse a  Madrid  Valentín, el único hijo varón de Esteban.

         Autor: Serafín Pérez Herrero, hijo de Aquilino y Rosario (Hito), nieto de Toribio y Biznieto de El Brujo. 

Una Preciosa Historia, que muchos no conocimos, pero que ahora podemos imaginar.  

Muchas Gracias Serafín.

El Oficio del Tejero

Este oficio ha pasado a la historia como un Artesano del Barro.

Todo se realizaba con las manos.

Los tiempos han cambiado y el tejar artesano no tiene cabida en la sociedad, casi ni en nuestras mentes.

Los procedimientos modernos han barrido lo artesanal. Mi homenaje a esta figura por el papel básico que desempeñaban y las penurias de su trabajo.

Oficio El tejero realizaba en su tarea diaria la elaboración de las tejas, pieza de barro cocido y de forma acanalada que sirve para cubrir los tejados de las casas y dejar escurrir el agua de la lluvia. Este  artesano también elaboraba ladrillos, adobes  y otros tipos de piezas especialmente utilizados en la construcción.

Hace años que en la localidad se cerró las puertas del último tejar.

Se encuentra ubicado a las afueras de la población, donde comienza la carretera hacia Malva.

Materias primas

Arcilla de varios tipos; mezclándolas entre sí.  Para las tejas se emplean más cantidad de tipo «greda» que tiene un color más gris; para los ladrillos se empleaba más arcilla ferruginosa de un color mas amarillento, ambas se recogía de un lugar cercano al  tejar. A partir del mes de noviembre se cavaba la tierra con la azada, a fin de que las lluvias, hielos y sol  la «curtiera». También se extiende en cerros para que seque al sol. La arcilla de greda necesita ser machacada con el mazo antes de remojarla; en cambio, la arcilla ferruginosa no. El agua, utilizada para el remojado de las tierras y en el «corte» de las tejas, pues el rasero se mantiene en la pileta de agua de la mesa de «cortar»; también sirve para limpiar de barro sobrante «hormas» y «argadillas».

La ceniza, obtenida en la cocción de años anteriores, se necesita para impedir que el barro se pegue a la mesa, permitiendo que la teja resbale hasta colocarla sobre el «galápago».

La piedra caliza, de gran utilidad en la cocción para cerrar los orificios que hay en el piso del horno.

Una vez se retiraba las tejas y ladrillos del horno se obtiene de estas rocas calizas calcinadas a temperatura entre 900 y 1200 °C, durante días, una excelente cal viva.

Se vendía para pintar (encalar) muros y fachadas de los edificios construidos con adobes o tapial.

Combustible para alimentar el horno.

Antiguamente empleaban en la cocción exclusivamente paja trillada de cereal y algún manojo de vides. En los últimos años se alimentaba el horno con leña de pino.

Herramientas

Mesa rectangular de madera sobre la que se moldean las tejas, ladrillos, etc.

Argadilla o molde de hierro o madera de forma trapezoidal con el que se da forma plana a la teja, colocado éste sobre la mesa de trabajo.

Rasero que se pasa sobre la argadilla, con el fin de alisar la superficie.

Galápago o molde curvo, de madera, sobre el que se coloca el barro para conseguir la forma curva de la teja árabe.

Hormas o moldes de madera de varios tamaños para ladrillos de diversas medidas, para baldosas de diversos grosores y para piezas especiales. Tienen asas.

El «varal», que no es más que un hierro alargado para mover las brasas del horno. Útiles de albañilería les sirven para tapar la boca del horno.

Productos

Tejas comunes, tejas maestras, similares a las otras pero de mayores dimensiones. Ladrillos rectangulares y trapezoidales para chimeneas y pozos. En menos cantidades, baldosas para el suelo, hornos de pan, glorias domésticas y adobes.

Proceso de fabricación

No se va a detallar con precisión, ya que es conocido de todos al ser muy similar a cualquier proceso realizado con el barro.

La materia prima es la arcilla (barro) que se encontraba cercana al recinto. El barro se sacaba a pico y pala, se encontraba en filones, por lo que había que buscar hasta encontrar la capa de arcilla buena, con vetas de todos los colores. Se dejaba orear al sol.

Se cargaba en el carro el material que se pensaba gastar en el día  y se descargaba en la pila, donde se amasaba con agua, lo que se realizaba generalmente pisándolo con los propios pies.

Una vez pisado y el barro cogía su temple, queda preparado para ser trabajado y se  iba llevando a la zona exterior en una carretilla con rueda de madera de roble y lo basculaba por delante, junto a la mesa, en los barreros, de donde más tarde se irán cogiendo las pellas de barro para depositarlas sobre la mesa.

El tejero, de pie, espolvoreaba en la mesa un poco de arena fina, previamente acribada, para que no se pegara la masa de barro.

Cogía con las dos manos un mazacote de barro y lo aplastaba sobre el molde. Aquí reciben la forma plana gracias a la gredilla y rasero, de donde se pasa al "galápago" o "formal" para recibir la forma curva y sobre éste, le pasaba la mano libre, mojada en agua por arriba, para afinarla y con sumo cuidado se va despegando poco a poco en el suelo, en sentido horizontal, pegando ligeramente los extremos con el fin de mantener la forma curva y evitar el exceso de peso, para su secado al sol (oreo). Así, pieza a pieza, hasta terminar el barro de la pila.

Una vez secas al sol, al cabo de unas 24 horas dependiendo siempre del tiempo, se colocaban una sobre otra apoyadas entre sí, en sentido vertical para que sequen antes.

Una vez secas se almacenan en el interior.

El ladrillo requiere de un proceso semejante. Cuando se cortan con ceniza se colocan sobre una tabla para llevarlos hasta el tendedero (solar).

El ladrillo necesita dos días para su oreado y después se coloca igual que las tejas en vertical por parejas para adelantar su secado. Cuando había suficientes piezas de tejas y ladrillos para una hornada (20.000 aprox.) se pasaban al horno. De 12.000 a 13.000 tejas, en cuatro filas y unos 50.000 ladrillos en diez filas.

En general había solo un horno en cada tejar, con unas paredes de piedra anchísimas, de más de un metro, revocadas por dentro con una capa de barro para evitar la pérdida de calor.    

La cocción.- Es esta fase del proceso el momento más importante, pues de lograr una adecuada cocción depende la calidad del producto final.

La colocación de las piezas en el horno es considerada como una de las más importantes para el resultado final.

Primero se colocan las piedras calizas, después las filas de ladrillos y en la parte final las tejas. Ahora se cierra el «servidero» con adobes y barro. Se mete la leña en la zona del horno llamado caldera y se deja preparado para el día siguiente; al amanecer ya se puede encender, dando comienzo la cocción.

A partir de este momento se estará pendiente de que el fuego siempre este activo y no se apague durante un día y medió.

Cuando los tejeros, por su pericia, pensaban que las tejas ya estaban cocidas (unas 30 horas), se tapaba el horno por encima con una capa de sal, una capa de grana de urce y una capa de tierra mojada. Todo ello bien pisado, para que el horno quedase completamente hermético y no perdiera calorías. La puerta (bocas) quedaría sellada por ladrillos y una capa de barro. De este modo, el horno llegará a alcanzar entre 1000º a 1200 ºC.

El calor había que conservarlo durante ocho días, procurando que no saliese ni gota de humo por ningún sitio, al cabo de los cuales se quitaba el barro de arriba y se abrían las puertas para sacar la mercancía y depositarlas en la casilla o almacén contiguo. En esta tarea se empleaba trapos para proteger las manos del calor que soltaba las tejas y ladrillos.

El proceso de elaboración de baldosas es muy similar al de las tejas y ladrillos. También difiere el modelado del producto al realizarse la teja sobre la mesa, y la baldosa en el suelo. Por último, cuando estos productos se encuentran a medio secar, se echa agua por la cara superior y se pasa el rasero con el fin de conseguir un cierto brillo y finura.

El oficio de tejero, trabajo duro, practicado indistintamente por hombres y mujeres es, como la mayoría de los oficios artesanos, de escaso rendimiento económico, comentando a menudo estos trabajadores que "con esto nadie se hace rico"; motivo que, sin duda, ha contribuido a la desaparición de numerosas actividades de tipo artesanal