Hidroelectrica-La Fabrica
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Bienvenido, te invitamos a descubrir Aspariegos, un lugar para vivir.
26-Feb-2017 16:13

 

La Hidroeléctrica y la Fabrica de Harinas de Aspariegos

A mediados del siglo XIX había en las afueras de Aspariegos un molino harinero conocido en la comarca por el nombre de “Aceña de Dña. Antonia”.

Esta vendió el mismo antes de finalizar el siglo a un componente de la vallisoletana familia de los “De la Cuesta”, el cual sobre la vieja aceña edificó una fábrica harinera de cinco pares de piedras (solaneras y volanderas)

A  principios del siglo XX el señor De la Cuesta cedió la fábrica en cuestión a un cuñado suyo y a un sobrino nieto del mismo.

Los dos nuevos propietarios iniciaron el desarrollo industrial constituyendo la sociedad mercantil “Hidroeléctrica de Aspariegos, S.A.”, con domicilio social en Zamora y de fabricación en Aspariegos.

Para ver mas fotos sobre la fabrica y ampliadas, al final de la pagina tenéis el enlace, para ir al álbum fotográfico.

La precipitada sociedad constituida por los dos únicos socios inició en la primera decena del siglo XX su expansión y desarrollo modernizando la fábrica con los últimos adelantos en la técnica de molturación.

El edificio constaba de cuatro pisos destinados el bajo a cilindros y los tres restantes a limpieza de mercancías, clasificación de harinas y maceración de trigo.

La Hidroeléctrica amplió la esfera de sus actividades adquiriendo un canal de unos 800 metros destinado al suministro de agua para accionamiento de la turbina motriz, y parcelas colindantes con un molino exclusivamente dedicados a la molturación de piensos para ganado (dos juegos de piedras).

Inaguró la explotación de suministro eléctrico para dotar de alumbrado y fuerza a 16 pueblos a parte de Aspariegos.

También edificó en la zona de la fábrica un pabellón para la cría y ceba de ganado porcino y así mismo otro para 500 gallinas.

La plantilla de empleados estuvo integrada por: jefe de contabilidad y ayudante oficina de Zamora, administrador y ayudante despacho de Aspariegos (todos con vivienda), jefe molinero y segundo a sus órdenes, molinero de piensos, 3 empacadores, 3 limpieros, 3 eléctricistas central de Aspariegos y 16 empleados-encargados en los pueblos.

En los años de la Dictadura, las normas impuestas con carácter obligatorio, forzó a los señores integrantes de Hidroeléctrica a dar por finalizados sus trabajos de atención y expansión.

El Estado forzosamente ruinoso de los locales en la presente reseñados, da pie a pensar en un apoyo municipal a la gestión de subvenciones para volver a activar explotaciones inherentes a la antigua Hidroeléctrica.

Logros conseguidos por múltiples Corporaciones que actuaron positivamente para evitar el empobrecimiento y el abandono de los pueblos a ella encomendados.

     Una anécdota sobre la fábrica.

Cuando el Valderaduey se desbordó en el año 1962, en las paneras quedaron unos 40 vagones de trigo.

Para tasar las pérdidas vinieron unos técnicos desde Madrid y cual no fue su sorpresa, al tener que cruzar el río en un carro tirado por un caballo, al que no hacía falta decir por donde había que pasar.

 

 Información cedida por D. José Gómez Enríquez.

TEXTO PARA LEERLO MEJOR

Hojas editadas en cartulina para colgar en el contador eléctrico.

A LOS ABONADOS DE LA HIDROELÉCTRICA DE ASPARIEGOS

 

Está en peligro de muerte quien se olvide de estas advertencias

Si por desperfectos causados por los temporales, u otras causas, en las centrales, líneas y transformadores, o producidas por mano inocente o criminal, vieseis alguna vez que en vuestras casas entraba más cantidad de energía eléctrica que la ordinaria, dando ello lugar a que echen chispas o ardan las llaves y cordones de la luz, a nadie que tenga amor a la vida se le ocurra intentar cortar la corriente, y menos empleando cuchillo, tijeras, cachas, machetas u otras herramientas por el estilo; porque tan pronto como toquéis a los cables quedaréis carbonizados.

Lo única que se recomienda en estos casos de gravedad, es avisar rápidamente al empleado para que corte la corriente en el transformador, y vosotros, entre tanto, conservad la serenidad, apartándoos cuanto os sea posible de los sitios de peligro, pues se repite, que tocando a las llaves o cordones cuando están ardiendo, la muerte es inevitable.

Si a pesar de cuantas advertencias quedan hechas, algún ignorante o atrevido tocase los cables y fuere electrocutado, se recomienda: buscar rápidamente al médico y librarse de personas ignorantes; pero, si no hubiese médico, una vez roto por el empleado el contacto de la víctima con los cables, procurar trasladar al enfermo a una habitación bien ventilada, no permitiendo la entrada en ella más que a las dos o tres personas más enteradas, que hayan de intentar dar vida a la víctima.

Restablecer antes de nada la respiración del enfermo en la siguiente forma:

Acostad a la víctima de espaldas y colocadle debajo de los hombros una almohada, o cosa por el estilo, para que el pecho quede en alto.

Quitadle todas las ropas que puedan oprimirle el cuello, pecho y cintura, como son: botones, corbata, cinto, etc.

Abridle la boca, introduciéndole en ella, si fuese preciso, un trozo de madera.

Haced salir la lengua sujetándola a la barba con un pañuelo; provocad la respiración, haciéndole cosquillas a la víctima en la nariz y garganta, con una pluma de ave, hierba o paja, y reaccionando el cuerpo con agua y fricciones.

Si con dichos procedimientos no se lograse rápidamente que el enfermo respirase, hay que proceder a la respiración artificial del siguiente modo:

Poneos de rodillas detrás de la cabeza de la víctima; cogedle los brazos por los codos y apretádselos fuertemente contra el pecho; levantadlos después alargándolos lentamente y haciéndoles describir un arco sobre su cabeza, y volver a la primera posición después de una parada de tres segundos. Estos movimientos deben repetirse por espacio de una hora, por lo menos.

En cuanto la respiración comience, lo que suele manifestarse con movimientos y cortas aspiraciones y con cambios de color, procúrese restablecer la circulación de la sangre con ligeros y rápidos golpes dados sobre el corazón.

Si la víctima ha vuelto en sí, se le acuesta en una cama, procurando que nadie la moleste y que la habitación esté muy ventilada; y si aún no ha llegado el médico y ordenado otra cosa, se le dan infusiones de café o vino caliente.

Aprended estas instrucciones y quiera Dios que nunca os veáis precisados a practicarlas.

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